Tráfico: la guerra que Soderbergh anunció en el 2000
En el añ0 2000 aún no me graduaba de la universidad y el mundo occidental no había experimentado aún el trancazo del 9/11. En México, las noticias sobre el narco se limitaban a unos cuantos decomisos y unas cuantas quemas, a las leyendas urbanas sobre el Señor de los Cielos y a la aprehensión de […]

En el añ0 2000 aún no me graduaba de la universidad y el mundo occidental no había experimentado aún el trancazo del 9/11. En México, las noticias sobre el narco se limitaban a unos cuantos decomisos y unas cuantas quemas, a las leyendas urbanas sobre el Señor de los Cielos y a la aprehensión de unos cuantos mandos militares supuestamente coludidos con el crimen organizado. Pero no se decía mucho más. Había esperanza, fruto del inicio del nuevo milenio. Recuerdo que era un domingo por la noche y, en mi ritual de ver todas las películas que sonaran para el Oscar, fui a la función de las 11, en pijama, a ver Traffic de Steven Soderbergh. La realidad retratada ahí me parecía ajena, impensable, no correspondía con la burbuja en la que vivía como chilango clasemediero. Esas historias de sicarios, adictos y manejos en las altas esferas del poder parecían francamente exageradas. Sí, sabía que existía algo que se llamaba "el narco", pero no tenía datos sobre sus alcances de este y el otro lado de la frontera. Sin embargo, vista a la distancia creo que la cinta de Soderbergh es un interesante documentos artístico e incluso histórico que nos ayuda a situar el desarrollo del narco en México. Sí, es una visión gringa del asunto (¡vienen a salvarnos!). Sí, los acentos en español distan mucho de ser auténticos. Sí, México es retratado como el Viejo Oeste y ciertas vertientes del guión son poco menos que racistas. Pero Soderbergh supo ofrecer una radiografía de las intrincadas redes de complicidad, supo desmenuzar el papel de los militares corruptibles en el asunto, supo entender el rol de la DEA y, sobre todo, vaticinó las prácticas cada vez más espectaculares en que el crimen organizado de todo tipo captura la atención. Además, su retrato de las zonas fronterizas, abandonadas tras la mudanza de la mano de obra barata de tierra prometida del TLC a algún lugar en China o Pakistán, es certero. Soderbergh no lanza acusaciones, pero vista a la distancia, a once largos y a veces tortuosos años, Traffic da avisos de la guerra por venir.