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Cine

La leyenda de Ochi – crítica de la película

La leyenda de Ochi – crítica de la película

Aunque el debut del director Isaiah Saxon recupera las formas artesanales del cine fantástico clásico, no brinda una historia tan inspirada como aquellas a las que emula.

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En una era que se inclina hacia la primacía de las marcas y sellos de producción o distribución cinematográfica por encima de los propios cineastas y demás artistas, vale la pena mirar con lupa categorizaciones como “la primera película familiar de A24”. Esta afirmación acompañó el anuncio de la producción de La leyenda de Ochi (The Legend of Ochi), y cabe decir que, si bien es congruente con esas intenciones, el producto final no termina de sentirse completo.

 “¿Cuáles intenciones?”, podríamos pensar. En estos días, cuando las películas son “de MUBI”, “de Netflix” o “de Marvel” antes que cualquier otra cosa, una “película de A24” luce con orgullo sus pretensiones de independencia e integridad artística fuera de las convenciones comerciales mainstream (incluso si el estudio, que aquí funge sólo como distribuidora, ya es una marca mainstream en cierto modo).

Si agregamos el componente “familia”, quizá pretenda ser la película que mostrarán a sus hijos los nostálgicos por cierto tipo de cine de antaño, y que rechazan los bombardeos de luz, bromas bobas y excesivas imágenes por computadora típicos de las películas de “cuatro cuadrantes” de hoy. O quizá está dirigida a esos mismos nostálgicos, ya adultos, criados con fantasías ochenteras. La verdad es que, a pesar de la belleza y proeza técnica que despliega el largometraje debut del guionista y director Isaiah Saxon (conocido, entre otras cosas, por dirigir el video para «Wanderlust» de Björk), la respuesta no es muy clara.

La leyenda de Ochi se desarrolla en una remota isla ficticia del Mar Negro (en realidad fue filmada en Rumania), donde los campesinos viven con miedo de una especie de criaturas simiescas conocidas como Ochi. Desde jóvenes, los niños son enseñados a odiarlas por hombres como Maxim (Willem Dafoe), que lideran expediciones para cazarlos bajo la justificación de que perdió a su esposa por culpa de estos seres. Pero cuando su hija, Yuri (Helena Zengel) rescata a un bebé de la especie y descubre que no son malos en realidad, decide escapar para devolverlo con su familia, desatando una persecución que desafiará lo que la comunidad sabe sobre las criaturas.

La leyenda de ochi película
La película La leyenda de Ochi, de Isaiah Saxon.

El antecedente del video de Björk es pertinente porque Saxon brinda a su película una “textura” artesanal similar. Sería un error decir que obvia por completo el uso de imágenes por computadora, pero hay un énfasis marcado en la utilización de efectos prácticos (destacado, incluso, en materiales promocionales).

Animatrónicos y mates se conjugan con pantallas verdes y retoques digitales para crear un mundo anclado en cierto realismo, pero con colores, montañas y brumas imposibles que lo acercan a los terrenos de la fantasía. Los Ochi, creados alternando entre marionetas reales y modelos digitales además de su propio lenguaje fonético, se sienten tan vivos y originales como las mejores criaturas de Star Wars.

En ese sentido, La leyenda de Ochi es una maravilla que combina el cine “a la antigüita” con el cine digital, creando lo que bien podría existir en el canon junto a E.T., el extraterrestre (1982), La historia sin fin (1984) o Regreso a Oz (1985), e incluso ser para una nueva generación lo que éstas fueron en su tiempo. Es decir: fábulas de una escala narrativa mucho menor a los multiversos y destrucciones planetarias híperedulcoradas de hoy, pero que encantan por su prodigioso trabajo artesanal, a la vez tan vivo y tan obviamente artificial.

Pero hay que poner énfasis en el podría, pues, aunque Saxon entrega una pieza encantadora para los ojos, no hay demasiada sustancia detrás. Ya dice mucho que el elenco luce a cuatro nombres que se sienten como un exceso. Finn Wolfhard (Stranger Things) sale sobrando en un guion que, en realidad, trata sobre una joven reafirmando su autonomía frente a sus padres, y en particular frente a la intolerancia y xenofobia de su comunidad. Un mensaje importantísimo, sin duda, si tan solo no fuera abordado tan superficialmente.

Willem Dafoe y Finn Wolfhard en la película La leyenda de Ochi, de Isaiah Saxon.

Lo cierto es que tampoco hay un peligro real que podría esperarse de una aventura para ver en familia, sino que la tensión viene de los conflictos padre-hija. Sin embargo, mucho de ello queda entre líneas o sin desarrollar, para ser intuido únicamente por el espectador adulto que, más allá de exprimir un poco de jugo a tales sutilezas, no encontrará mucha más sustancia.

A final de cuentas, La leyenda de Ochi no es una mala película en absoluto, pero al igual que Longlegs (de NEON) un año atrás, demuestra que un producto relativamente insustancial puede ser inflado por buzzwords y merch, obras de la muy bien aceitada maquinaria de marketing de A24.

Pero también cabe decir que siempre se agradecerá (y preferirá) la originalidad y la visión artística que Saxon y compañía buscan recuperar. Esta película ofrecerá un bonito rato en el cine para quienes busquen alternativas a la condescendencia narrativa y adormecedora más propia de los Minions y de la marea marvelita. Ojalá sea, también, el punto de entrada para que nuevas generaciones conozcan otras grandiosas fantasías del canon cinematográfico.

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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