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Cine

Longlegs: coleccionista de almas – Crítica de la película

Longlegs: coleccionista de almas – Crítica de la película

Longlegs: coleccionista de almas consigue imágenes perturbadoras y hasta hipnóticas, pero ejemplifica cómo un buen trailer puede vender mucho humo.

Cine PREMIERE: 2.5
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Dado un despliegue promocional inusualmente bombástico para el estreno de una película de su tipo en Estados Unidos, las expectativas alrededor de la película Longlegs: coleccionista de almas han sido altas para los aficionados al terror de este lado de la frontera. La estela tanto de comentarios de la prensa y público, como de maromas publicitarias (como cierto video que ensalza a un caracterizado Nicolas Cage casi como la cosa más espantosa que ha visto Maika Monroe en su vida), coronan al cuarto largometraje del director Osgood “Oz” Perkins como una de las apuestas –autorales, incluso– más espeluznantes y perturbadoras del año.

Para algunos (quien escribe incluido), la oleada de marketing llegó acompañada de escepticismo, considerando la obra que le precede: La enviada del mal (2015), Soy la cosa bella que vive en esta casa (2016) y Gretel & Hansel (2020). Una filmografía irregular que oscila entre atmósferas contemplativas y simbolismo inteligente que, muy a menudo, tiende a confundir con una frialdad técnicamente impecable, pero hueca en ideas.

Maika Monroe en la película Longlegs, con Nicolas Cage, ya en cines.
Maika Monroe en la película Longlegs: coleccionista de almas.

Estamos aquí ante un artefacto variopinto, que si bien está lejos de calificar como mediocre, tampoco alcanza las alturas sugeridas por la precisa maquinaria mercadológica que la respalda. Consigue, por lo menos, consagrar las marcas estilísticas –y vicios narrativos– de su director.

Longlegs, como sus cuatro largometrajes anteriores, es una historia habitada por una protagonista que atraviesa una situación de soledad, opresión y desconcierto. Al mismo tiempo, es acechada por un algo sobrenatural y posiblemente siniestro que no consigue palpar ni explicar. Acompañamos a la introvertida agente especial Lee Harker (Maika Monroe), quien luego de experimentar una especie de habilidad precognitiva en su fatídico primer día en el campo, es reclutada para trabajar en el caso del asesino serial del título (Nicolas Cage).

Éste se ha prolongado durante décadas sin respuesta a sus crípticos acontecimientos: brutales homicidios-suicidios perpetrados por los propios padres, en familias con hijas nacidas los días 14 del mes, sin mayor explicación ni rastro de posibles cómplices que cartas codificadas. La gran pista para el público –apasionante en principio– es el prólogo, donde una niña parece tener un encuentro con el asesino y vivir para contarlo.

Conforme progresa con su investigación, los presuntos –y convenientes– poderes psíquicos de Harker nos proveen piezas del rompecabezas, destellos de imágenes y símbolos que nosotros, como ella, hemos de intentar encajar en su lugar. En papel, ante los elementos presentados en el primer acto, el instinto sería compararla con El silencio de los inocentes (1991) o thrillers como Zodiaco (2007), antes de que su lado sobrenatural e indicios de una espeluznante podredumbre moral y familiar nos orillen al terreno de algo más parecido a Twin Peaks (1990-1991, 2017). Viniendo de esta pluma, hasta podría ser un elogio.

La comparación es más pertinente para el apartado audiovisual de Longlegs, que hace eco de las citadas influencias y consigue crear su tan elogiada “atmósfera”. Arte, fotografía y sonido convergen de forma meticulosa para crear una sensación de inquietud constante e inexplicable, un pavor hipnótico que emana de un mundo como atrapado en un perpetuo invierno gris, y que tampoco es aliviado por el refugio del hogar ni por el abrazo de la madre (Alicia Witt). Esto será percibido como una virtud entre quienes suscriban a la idea de que el terror no debe entregarse por obligación a los sobresaltos simplones con fines de entretenimiento banal. Poco de eso hay aquí, a decir verdad.

Maika Monroe en la película Longlegs, con Nicolas Cage, ya en cines.
Maika Monroe en la película Longlegs: coleccionista de almas.

Pero el director y guionista no es tan hábil como dichos referentes, pues comete varios errores cruciales en su narración, comenzando por suponer que esta estilización puede sostener el metraje por sí sola. En adelante, Longlegs reserva pocas sorpresas, un problema que se origina en la página.

La habilidad psíquica de la protagonista es demasiado conveniente para el bien del relato, pues llegado cierto punto, las cosas comienzan a suceder con la misma fricción narrativa que la de un jabón deslizándose por un tobogán mojado. El cifrado de las cartas se resuelve de un momento para otro, y sólo hace falta preguntar para extraer los secretos de bocas de sus guardianes. Monroe se mantiene como una presencia interesante en pantalla hasta el final del metraje por pura virtud interpretativa, pero no puede evitar que la intriga dé lugar al tedio con una rapidez pasmosa.

Lo otro tiene que ver con el presunto “as bajo la manga” de la producción, Nicolas Cage. En primer lugar, Perkins lo priva demasiado pronto de su halo de misterio, entregando su presencia en pantalla durante escenas que no sólo no aportan al relato, sino que diluyen la tensión al rozar con la comedia involuntaria. Este es, después de todo, el actor cuyo estilo interpretativo puede tener uno de dos resultados. Si la dirección y el guion son certeros, logra crear personajes dramáticamente ricos y memorables. De lo contrario, sólo es Nicolas Cage bajo gruesas capas de extravagancias y maquillaje. Aquí, lamentablemente, sale a flote lo segundo.

Longlegs no resulta exactamente en una película que pierde tu tiempo –su apartado audiovisual, de nuevo, absorbe la mente en una sala de cine–, pero es otro tropiezo del director con la misma piedra de su obra pasada, que suele lucir un estilo meticuloso con muy poco qué decir. Su encumbramiento como una de las grandes y más exitosas propuestas de terror de 2024 queda como un gran logro del marketing.

 

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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