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Cine

El agente secreto – crítica de la película

El agente secreto – crítica de la película

El cineasta brasileño demuestra que es posible usar los códigos del cine de género para abordar heridas nacionales, sin vanidad ni oportunismos.

Cine PREMIERE: 4
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Una de las defensas que surge cuando hay películas como Emilia Perez (Audiard, 2024) o recientemente La ola (Lelio, 2025), apenas estrenada en la sección Cannes Premieres de 2025, es que sus aproximaciones a eventos traumáticos contemporáneos son hechos desde una perspectiva “novedosa”, y tienen a su favor el hecho de no ser solemnes o convencionales. Pero ninguna de esas películas tiene conciencia plena de la naturaleza lúdica del cine para retratar problemas sociales. 

 Películas como esas son tan oportunistas como vanidosas. Un ejemplo formidable de que es posible aproximarse a los traumas nacionales desde los códigos que el cine de género es capaz de ofrecer viene de la mano del otrora crítico cinematográfico convertido en cineasta, el brasileño Kleber Mendoca Filho y su película O Agente Secreto, estelarizada por el popular actor Wagner Moura.

Moura interpreta a Marcelo, un profesor que durante la dictadura brasileña a finales de los años 70 regresa a la ciudad de Recife, donde tiene la intención de rehacer su vida y reencontrarse con su hijo pequeño, después de haber sido perseguido por el gobierno. Pero en poco tiempo se da cuenta de que las fuerzas del orden aún le persiguen y que su cabeza tiene un cotizado valor.

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Apenas el año pasado, la película brasileña Ainda estou aqui (2024), del cineasta Walter Salles, se volvía un fenómeno mundial, pero su acercamiento al control de la dictadura brasileña tomaba un cariz solemne y hasta cierto punto didáctico –aspecto que es bellamente contrarrestado por la actuación de Fernanda Torres–. En el caso de O Agente Secreto, su aproximación toma como fuente principal de inspiración una cinefilia vital.

Apenas hace un par de años, Mendonca presento Retratos Fantasma (2023) también en Cannes, un documental sobre los cines locales que frecuentaba en Recife, su ciudad natal. El cineasta brasileño parte del mismo espíritu que anima ese documental para darle vida a su relato, y a pesar de su densa carga política, no comete el error de asumirse primero como un documento histórico, sino precisamente como una de las películas que el joven Kleber pudiera haber visto en uno de esos grandes cines de su juventud.

En O Agente Secreto convive tanto el cine político como el cine de genero, particularmente en la forma en la que una pierna mutilada, clave para la disidencia política, cobra “vida” y aterroriza a un grupo de personas que tienen furtivos encuentros sexuales. Es un pasaje imaginativo que remite a su cortometraje Vinil verde (2004) y es solamente uno de los tantos episodios que componen la película, pero condensa su naturaleza. 

Mendonca se concentra en una recreación mas estlizada y cuya fotografía es mas reminicente del cine de la época en la que la película se desarrolla, además de contar con un ritmo preciso que no deja de lado la agobiante dimensión de los actos cometidos por la dictadura brasileña. En un registro menos alegórico que Bacurau (2019), Mendonca mantiene la tensión a lo largo de la película haciendo un uso notable del ritmo a través del montaje.

La película intercala dos lineas temporales, una ubicada a finales de los años setenta y otra ubicada en la época actual, donde una joven investigadora se encuentra digitalizando todas las cintas en las que Marcelo sostiene entrevistas con disidentes políticos. A pesar de manejar una cantidad considerable de información, en ningún momento se percibe intrincada o difusa, al contrario, el control del cineasta brasileño es tal, que se permite un acercamiento no solamente lúdico, sino hasta personal.

El agente secreto desarrolla y trata a sus personajes, incluso a los antagonistas, con un detallado trabajo de caracterización. Gravitan alrededor de la sólida presencia de Wagner Moura, quien como el agente con una doble identidad se convierte en un protagonista genuinamente cinematográfico. El gran acierto de El agente secreto es justamente usar el artificio cinematográfico y todo su arsenal disponible para agrandar y redimensionar una historia real y no meramente recrearla ni usarla como una plataforma arribista. 

Es usar la ficción como una herramienta que convierte la realidad en algo fantástico y que hace sentir la verdad como un secreto que un grupo de extraños comparte en una sala oscura.

Este texto fue parte de la cobertura de Cine PREMIERE de Cannes 2025. 

autor Cofundador y crítico en la página web Butaca Ancha. Escribe de cine en medios como Tierra Adentro, Animal Político, Forbes y Algarabía. Considera que cada película, independientemente de donde venga y quien la haga, tiene algo importante que decir.
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