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Cine

Cómo entrenar a tu dragón – crítica de la película live action

Cómo entrenar a tu dragón – crítica de la película live action

Aunque no hay nada incorrecto técnicamente en ella y su mensaje de aceptación y otras masculinidades sigue igual de vigente, cabe cuestionar el propósito de esta reimaginación del clásico de DreamWorks, que, al igual que los remakes de Disney, busca optimizar ingresos en taquilla con el mínimo riesgo creativo.

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Había una vez un estudio de animación conocido como DreamWorks Animation. Era, para todo efecto y propósito, otro estudio hollywoodense, pero uno que desafió el dominio de la gigantesca Disney. Con su emblemática Shrek (2001), una parodia abierta de las princesas de Mickey Mouse, incluso obtuvo el primer Oscar a Mejor largometraje de animación en la historia. Para muchos, la película Cómo entrenar a tu dragón (How to Train Your Dragon, 2010) fue el epítome de sus producciones en la década pasada. Algunos argumentarían que, con títulos como Gato con botas: El último deseo (Puss in Boots: The Last Wish, 2022) o incluso Robot salvaje (The Wild Robot, 2024) apenas el año pasado, el estudio todavía está en la punta de lanza.

 Henos aquí hoy con un remake en acción real de una película que ya podemos considerar un clásico animado, pero que no tiene ni 15 años de existencia. Una réplica de la táctica que Disney ha ejecutado más o menos durante el mismo tiempo, con resultados mixtos en taquilla y cuestionables ante crítica y público. El principal reclamo: la necedad de rehacer algo que no necesita ser reimaginado, con el afán de optimizar los ingresos en taquilla con el mínimo riesgo creativo.

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La película live action del clásico de DreamWorks Cómo entrenar a tu dragón.

Tal es la aversión al riesgo en el remake en live action de Cómo entrenar a tu dragón, que DreamWorks ha mantenido a tantas cabezas creativas de la original como le fue posible. Dean DeBlois, codirector y coguionista de la versión animada, regresa para dirigir esta otra. La música sigue siendo de John Powell. En cambio, fuera quedó la productora Bonnie Arnold, responsable por la trilogía de animaciones originales (y grandes clásicos de la propia Disney como Toy Story y Tarzán). En su lugar tenemos la mentalidad de tiburón del sionista Marc Platt, responsable de varios exponentes de la oleada de “contenido” derivativo de los últimos años, como la adaptación de Wicked (2024) y, sí, varios de los remakes de Disney como Blanca Nieves (2024) o La Sirenita (2023).

 La única razón por la que las cosas no son iguales a la original frente a la cámara, es porque sería imposible que el elenco de voces originales (que incluía a Jay Baruchel, America Ferrera, Jonah Hill y Kristen Wiig) pasen por personajes adolescentes, aunque Gerard Butler sí regresa como el líder vikingo y padre de Hipo, Estoico el Vasto. El elenco juvenil es sustituido por nombres como Mason Thames (El teléfono negro), Nico Parker (The Last of Us) y Julian Dennison (Deadpool 2).

Tenemos, esencialmente, el mismo relato iniciático: Hipo (Thames) vive en la isla de Bern, que bajo el constante asedio de diversas especies de dragones, ha desarrollado una cultura combativa donde la aceptación viene de la fortaleza física y las proezas guerreras. El chico, más dado a la observación y el intelecto, es penosamente inapto para tales expectativas, todas ellas encarnadas por su padre, el corpulento e hípermasculino líder Estoico (Butler), lo que ha creado una brecha entre ellos.

Cuando por vía de su ingenio y paciencia logra derribar un “Furia nocturna” —una especie de dragón supuestamente tan letal que nunca nadie ha vivido para contar un encuentro con uno—, Hipo comienza a estudiarlo y a descubrir que su cultura intolerante ha malentendido a los dragones todo el tiempo. El joven comienza a destacarse entre su gente no por su proeza física, sino por su capacidad para relacionarse con los dragones sin recurrir a la violencia.

El mensaje de Cómo entrenar a su dragón —en su versión animada o en la actual live action—, sobre abrirse a la curiosidad por el otro, al entendimiento de seres con los que compartimos existencia e incluso a explorar concepciones alternativas de la masculinidad es tan relevante en nuestros tiempos de polarización reaccionaria como lo fue hace 15 años, si no es que más.

Si hay que encontrarle alguna relevancia a este remake, sería la oportunidad de llevar tales lecturas a nuevas generaciones. Porque en lo formal no hay, inherentemente, nada técnicamente malo en la película, pero tampoco hay un ápice de innovación o propuesta. Thames se reafirma como el protagonista convincente que ya había demostrado ser en El teléfono negro. La dirección de DeBlois es efectiva para narrar visualmente tanto los momentos emotivos como los de acción trepidante, si acaso esta última llega a pecar de una exageración caricaturesca.

Y este último punto sólo acaba por exaltar la redundancia y despropósito de esta nueva versión. Sacrifica en el altar de la contradicción un nivel de expresividad que sólo era posible por los colores, diseños de personajes, interpretaciones vocales y física de su referente de 2010 (mismo para el que, paradójicamente, DreamWorks contrató al legendario fotógrafo Roger Deakins como consultor para conseguir un cierto realismo en la iluminación).

En resumidas cuentas, Cómo entrenar a tu dragón en live action es otra expresión cinematográficamente correcta de una industria presa en el absurdo creativo de su propia avaricia. ¿Cuál es el maldito punto de hacer que un clásico familiar consagrado se vea como Game of Thrones para niños?

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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