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Cine

Amores materialistas – Crítica de la película

Amores materialistas – Crítica de la película
Estreno de la película Amores materialistas y dónde ver

Aunque tropieza con clichés, Celine Song entrega otra punzante exploración del amor contemporáneo en Amores materialistas

Cine PREMIERE: 3
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El aclamado y melancólico largometraje debut de la directora Celine Song, Vidas pasadas, era uno de pinceladas finas y delicadas, capaz de evocar el ir y venir de dos caminos vitales con imágenes simples, como una escalera que se bifurca o dos manos en un tubo del metro. Para su segunda película, Amores materialistas (Materialists), Song opta por pinceladas grandes, toscas, en un lienzo más amplio.

Porque, si bien su trama seguirá a tres personajes de nuestra época, la directora y guionista decide comenzarla en un cañón, durante la época de las cavernas, en abstracto. Un recolector lleva flores a casa para su mujer. Ella le sonríe por el gesto, y también hurga en la bolsa de su compañero, ocupada con herramientas y pequeños trofeos de la caza. Es, pues, un candidato apto para garantizar su mutua supervivencia. Él responde creando un anillo con una flor y, la pareja recién comprometida junta sus cabezas con ternura.

Estreno de la película Amores materialistas y dónde ver

Vía una elipsis de aspiraciones kubrickianas, viajamos milenios en el tiempo a la Nueva York contemporánea, hogar de Song y de su protagonista, Lucy (Dakota Johnson), una mujer en sus treintas que se desenvuelve como una exitosa casamentera—un empleo que la propia directora tuvo en el pasado—.

Es la orgullosa responsable de orquestar nueve matrimonios, celebra su jefa, culmen de la labor de cupido que en la agencia de casamenteras han reducido a cálculos cosificantes. La demanda está a la alza para hombres altos y con billeteras robustas (o que al menos tengan las segundas para conseguir lo primero). Ellos solicitan mujeres más jóvenes, o más esbeltas, o más cultas y maduras, o todas las anteriores con todo y sus absurdas contradicciones. Y el amor es sólo un KPI en las métricas de una agencia.

La protagonista de Amores materialistas es una cínica que ve a sus clientes como productos en un mercado. Tampoco puede evitar percibirse a sí misma como tal y en su propio detrimento, haciendo las cuentas tan pronto entra su vida Harry (Pedro Pascal), un adinerado y encantador financiero que, en dicho mercado, sería llamado un «unicornio»: el inusual espécimen que, al cumplir con todos los requisitos, es una fantasía que no debería existir—ese casting no es para nada casual—. Encima de todo, Lucy reconecta con su ex, John (Chris Evans), un actor cuyas persistentes dificultades financieras provocaron el rompimiento, a pesar de que claramente se aman.

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Song nos presenta dos facetas de las relaciones de pareja que, en apariencia, serían ideológicamente opuestas e indisociables. Por un lado, un materialismo pragmático, en el que se ve el romance objetivamente como una transacción o como un negocio para asegurar la mutua supervivencia. Esto, claro, con la maraña moderna de complejidades afectivas, socioeconómicas e incluso banales de necesidades. El mundo de hoy requiere más que habilidades para cazar y crear herramientas, pues. La directora, sin embargo, se divierte con breves viñetas en las que los clientes de Lucy—hombres y mujeres por igual—presentan requerimientos mínimos más propios del ego y de la sociedad de la gratificación instantánea.

Por otro lado, está el amor romántico en su forma más pura y embellecida, aquella noción de que el sentimiento y la decisión, por sí solos, todo lo pueden. Incluso superar las presiones económicas suscitadas por la persecución de un sueño, o persistir a pesar de las peleas más crueles.

Amores materialistas se construye, pues, sobre la tensión entre el cinismo pragmático y el romanticismo idealizado. El realismo yace como pivote en el medio, aguardando en silencios cargados de tensión romántica y melancólica para girar hacia un lado o el otro. Quizás apelando al lado más bello de los seres humanos, Celine Song se inclina por el amor sobre el materialismo. Y no pretende hacerlo desde un idealismo inocente, sino desde un optimismo sensato, pero esperanzado.

Pero hagamos énfasis en “pretende”, pues en términos de guion, esas pinceladas toscas de las que hablamos le juegan en contra a la otrora dramaturga. Si lo que nos permitía conectar con los personajes de Vidas pasadas era que rebosaban de pasado (valga la redundancia), los de esta película parecen existir únicamente en el presente, como arquetipos vagos.

Estreno de la película Amores materialistas y dónde ver

Su profundidad es únicamente sugerida por los diálogos o por gestos furtivos en los silencios—aplausos para el trío de actores principales por hacer tanto con poco—. Intuimos las historias que enraizan el cinismo y distanciamiento emocional de Lucy, pero Song nunca nos cuenta su historia ni la de sus intereses románticos. Harry y John parecen, de hecho, construidos sobre las reputaciones de sus actores: respectivamente, el unicornio favorito de internet y la nobleza de Steve Rogers, con escasos matices aquí y allá.

Todo lo anterior le permite a Song, con relativa comodidad, tomar una postura en una historia cuyo desenlace termina reduciéndose a materialismo contra amor “verdadero”. Es una pena, pues durante el resto del camino, Amores materialistas evita tales simplificaciones y los binarismos absurdos del marketing (¿#TeamPedro o #TeamChris?). Casi como si cayera en ello sólo por tener que apresurarse a llegar a una conclusión.

Se trata, a final de cuentas, de un sólido aunque imperfecto segundo intento de Celine Song, más gélido y emocionalmente distante que Vidas pasadas por su ángulo para explorar otra faceta del amor romántico, así como por su falta de desarrollo para los personajes. Pero cuando, a pesar de sus fallas, una película da para pensar tanto sobre nuestras nociones del amor y sus motivaciones, es para estar atentos a lo que la cineasta hará después.

 

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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