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Cine

Thelma: Una abuela en acción – Crítica de la película

Thelma: Una abuela en acción – Crítica de la película
Película Thelma crítica.y opinión.

El director Josh Margolin presenta una comedia de acción con una visión digna de la vejez que toca todas las emociones (y, de paso, se burla de lo que Tom Cruise representa para el cine).

Cine PREMIERE: 4
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A propósito de Thelma, una película dedicada a una abuela, me permito escribir en primera persona, por unas líneas, para citar a la mía. “Hay que envejecer con dignidad”, solía decir ella al lucir sus canas y arrugas con orgullo y vitalidad. Este pedacito de sabiduría autoafirmativa está en el corazón del largometraje debut de Josh Margolin, aseveración que podría parecer extraña para una comedia de acción y espionaje protagonizada por la nonagenaria June Squibb (nominada al Óscar por Nebraska). Contradicción tan disonante como deliciosamente divertida.

Porque, en manos más impersonales y codiciosas, se trata del tipo de película que correría peligro de caer en la parodia barata y humillante. Pero Margolin –director, guionista y editor– escribe desde un lugar muy personal. Su relación con su abuela y una anécdota familiar fueron la semilla del guion.

Un par de años después del fallecimiento de su esposo, Thelma (Squibb) vive sola en casa, confinada en parte por su vejez, y en parte por la manía irracional de su hija y yerno (Parker Posey y Clark Gregg), quienes temen que se pierda o se lastime. Su nieto, Danny (Fred Hechinger), la visita con frecuencia, le ayuda con la tecnología y se hace cargo de ella en general, a pesar de no responsabilizarse por sí mismo: carece de ambición y está desempleado, por lo que su novia lo ha dejado.

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Un buen día, sin embargo, se desata una crisis familiar cuando la abuela recibe una alarmante llamada de su nieto, quien dice necesitar 10 mil dólares por correo para pagar su fianza, pues está encarcelado por un grave accidente de tránsito. Resulta ser una estafa, pero la familia se da cuenta cuando el dinero ya está fuera de alcance. Al escuchar la inevitable discusión sobre demencia senil y asilos de ancianos entre su hija y yerno, Thelma decide que recuperará el dinero por su cuenta. Sin importar qué o quién se interponga.

La protagonista está en una misión, y lo que está en juego es cosa seria. No es sólo la gran suma de dinero, sino su autodeterminación como persona capaz e independiente. Así, y luego de reclutar a un viejo amigo a la causa (Richard Roundtree, en su actuación final), comienza una cadena de eventos en los que, medio con ironía y medio no, Margolin recurre a lenguaje cinematográfico propio del cine de acción y espionaje. Este es un contraste divertido –pero inteligente, como veremos– para narrar la odisea de dos adultos mayores que recorren la ciudad de Los Ángeles.

Dispositivos de asistencia para ancianos son reinventados como gadgets típicos del agente 007. Aparatos auditivos funcionan como comunicadores a distancia. Localizadores con alertas de caída se vuelven señuelos. Y los scooters eléctricos (con velocidad máxima de ocho kilómetros por hora) son los vehículos de escape, filmados con el mismo dinamismo y sensualidad. El montaje paralelo genera tensión de las situaciones más mundanas –pero que podrían ser genuinamente riesgosas para una persona de la tercera edad–. Yla cámara se mueve alrededor de los personajes y espacios como si una charla cordial en la calle fuese cosa de vida o muerte.

Lo que debe mencionarse es que Margolin nunca cae en la condescendencia hacia sus protagonistas. Por el contrario: camina la delgada línea de la ironía para convertir en arma el desdén (o, en los casos amables, la manía protectora) de ciertas personas y sociedades hacia los ancianos, para usarla en nuestra contra y subvertir las expectativas. Todo esto es divertido porque no sólo no esperaríamos que sea posible, sino que colectivamente, en el fondo, lo creemos absurdo.

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Durante su diálogo abierto con el cine de acción, la película Thelma hace una breve pero significativa referencia a la saga de Misión: Imposible. En específico, abuela y nieto miran una escena de la sexta entrega, Repercusión (2018). En ésta Tom Cruise, de 55 años durante el rodaje, se rompió el tobillo durante la ejecución de una escena de riesgo. La mujer expresa su impresión cuando le explican que el actor, ahora sexagenario, realiza esas escenas él mismo.

Una tangente que vale reflexionar porque, como público, solemos expresar esa fascinación hacia Cruise, nuestro “Peter Pan” de Hollywood, al presentar una concepción de estrella en apariencia inmune al envejecimiento. Su condición de showman recae en desafiar tanto las leyes de la física como de la biología. Lucirá tan joven, guapo e inmortal por cuanto tiempo le sea posible. Sus intereses románticos, aún más. Como Jennifer Connelly en Top Gun: Maverick (2022), tener 50 años de edad sólo es aceptable e interesante si se aparentan 15 años menos. Las arrugas y las canas son la antítesis del glamour hollywoodense.

Es aquí donde la película Thelma deja de ser sólo divertida para decir algo interesante y bello. Que las historias de los adultos mayores también son valiosas, dignas de ser conocidas y reimaginadas como thrillers de espías, o aventuras fantásticas, o del género que sea. Los héroes podrán hacernos reír por sus “oxidadas” habilidades, pero las realidades que visibilizan tocan nuestras fibras emocionales.

Y, en el proceso, esta película consigue algo que ninguna producción promedio del Hollywood actual puede comprar con sus presupuestos grotescos, litros de bótox y tinte, y etarismo descarado: emoción genuina para expresar lo que, en verdad, es envejecer con dignidad.

 

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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