Presunto culpable – Crítica
Tiene todos los elementos de una gran cinta a la par que nos abre los ojos.
Dicen que la realidad supera a la ficción, y en el caso de Presunto culpable esta frase no podría ser más cierta. Este documental sigue la historia de José Antonio Zúñiga, un hombre acusado por un asesinato que no cometió y sentenciado a 20 años en prisión.
Los responsables del largometraje son los abogados de Toño: Roberto Hernández (director) y Layda Negrete (productora), quienes filmaron la travesía del protagonista en el Reclusorio Norte. Así, con cámara en mano, nos introducen a una montaña rusa de emociones, logrando crear una empatía entre la audiencia y el caso del protagonista. Y aun cuando la película sea una fuerte crítica al sistema judicial en México, el eje central del filme, Toño, nunca se pierde dentro de la historia. Y es que el enfoque no es únicamente en el caso, a la par, la audiencia conoce las aspiraciones, personalidad, sueños y fracasos del protagonista. Un logro de Roberto Hernández y su codirector/editor Geoffrey Smith, pues encontraron el balance entre mostrar el aspecto legal y a Toño como persona.

Hay una gran mezcla de emociones a lo largo de sus 87 minutos de duración, que van desde la ira hasta la alegría, pasando por angustia, frustración y tristeza. Estos elementos, apoyados de un trabajo de investigación que muestran la corrupción del sistema judicial, logran elevar el nivel del documental, convirtiéndolo en un trabajo más íntimo y bien desarrollado.
Al final, Presunto culpable tiene todos los elementos de una buena película de ficción: el protagonista, que de ser una víctima más, se convierte en un hombre seguro de sí mismo, y los antagonistas, que en este caso son el juez, la fiscal y los judiciales. Pero aquí debe quedar claro que el villano mayor de esta historia es el mismo Sistema disfuncional, y éste es el gran mérito del largometraje, pues abre los ojos de las personas que de otra manera no conocerían cómo se manejan las cosas en el país.