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Cine

Ocean’s 8: Las estafadoras – Crítica

Ocean’s 8: Las estafadoras – Crítica

Cuenta con un claro diferenciador dentro de la franquicia pero obedece a las mismas reglas y estructuras ya presentadas.

Cine PREMIERE: 2.5
Usuarios: 4
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Tras once años de silencio por parte de la familia Ocean –Ahora son 13 se estrenó en 2007– y 17 desde que sus maquiavélicos planes de asaltar sigilosamente casinos de Las Vegas fueran revitalizados en el cine –Danny Ocean se dio a conocer originalmente en 1960 en La cuadrilla de los once, de Lewis Milestone, donde fue encarnado por Frank Sinatra–, conocemos a otro miembro del delincuencial clan: Debbie (Sandra Bullock), en el spin-off Ocean’s 8: las estafadoras. Tal como su hermano –interpretado por George Clooney en la versión de Steven Soderbergh–, se codea con sagaces mentes criminales de talentos estafadores y quienes corren a cargo de algunas de las mayores celebridades en Hollywood y la industria musical: Cate Blanchett, Helena Bonham Carter, Sarah Paulson, Mindy Kaling, Rihanna, y la rapera y comediante Awkwafina.

Su plan es combinar las habilidades de estas damiselas para robar un diamante Cartier en forma de collar usado por la famosa Daphne Kluger (Anne Hathaway), una ingenua y voluble actriz sin vela en el entierro. La película guarda numerosas semejanzas con la trilogía antecesora y revisita lugares comunes de la fórmula empleada por la mancuerna Soderbergh-Clooney, pero tiene lugar en el evento de beneficencia y moda más exclusivo del orbe: la Gala del Met. Ahí se posan los ojos de fashionistas, prensa, y gracias a la presencia de la extravagante joya de más de $100 MDD, la más sesuda y acechadora seguridad.

Si bien cada protagonista tiene momentos para destacarse del ensamble, pues debe realizar una hazaña con precisión quirúrgica y resolver vacilaciones o percances que vuelven compleja la velada, Bullock y Hathaway tienen mayor oportunidad para brillar. La primera por ser la autora intelectual de la jugada, la segunda porque porta la deslumbrante joya; el artefacto es un personaje más al cual tanto protagonistas, como antagonistas y audiencia siguen expectantes.

Hay un aire de glamour palpitante a través de fastuosos vestuarios e inesperados cameos, tanto de viejos conocidos de la franquicia como de estrellas que suelen desfilar en este tipo de eventos de élite. Este aspecto recubre a la producción con un halo publicitario de claras intenciones mercadológicas y divertimento masivo hábilmente explotadas, pero esta comedia criminal no se atreve a ir más allá de los terrenos previamente explorados.

El mayor diferenciador de Ocean’s 8: las estafadoras, dirigida por Gary Ross (Los juegos del hambre), es tener a mujeres como protagonistas, con una trama claramente encaminada a minimizar la importancia masculina en el desarrollo profesional y personal del sexo femenino. No obstante, mucha de su estructura obedece a la misma fórmula de la franquicia a la cual pertenece. Tanto la aventura de Debbie como de Danny arranca con su salida de la cárcel, con secuencias con puestas semejantes, un emplazamiento de cámara y composición de cuadro similares. Los puntos en común –pantallas divididas, giros de tuerca, tácticas coordinadas y hasta un personaje con afición por la comida– son constantes y cuantificables a tal grado que aunque entretienen, dejan la sensación de haberse visto antes sólo que sin los tacones ni la alta costura.

autor No soy la Madre de los Dragones, pero sí de @Enlabutaca; desde ahí y en Cine PREMIERE estoy en contacto con las buenas historias. Melómana, seriéfila, cinéfila, profesora universitaria, y amante de las bellas artes. Algún día escribiré una novela de ciencia ficción. ¡Unagui!
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