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Cine

Insaciable (Saccharine) – Crítica de la película

Insaciable (Saccharine) – Crítica de la película

Insaciable es una alegoría sobrenatural fascinante –aunque desafortunadamente contradictoria– sobre los cuerpos como objetos de consumo.

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A la luz de títulos recientes como La sustancia o incluso La hermanastra fea, casi podríamos decir que el body horror u horror corporal ha sido una vía perfecta para explorar las ansiedades contemporáneas –y más frecuentemente asociadas al mundo femenino– respecto a los cuerpos y su subordinación a “estándares de belleza” para ser convertidos en objeto de consumo simbólico, o directamente sexual o incluso económico. En ese sentido, al menos en papel, Insaciable (Saccharine) debería encajar en el mismo canon cinematográfico de los mencionados títulos.

Dirigida por la cineasta australiana Natalie Erika James (también directora de Relic: Herencia maldita), la película sigue a una estudiante de medicina, Hana (Midori Francis), que lucha con el sobrepeso y con su salud mental: vive sola, fuera del hogar familiar, y es propensa a los atracones por ansiedad que le generan una profunda culpa. Al enamorarse de otra estudiante (Madeleine Madden), se ofrece como voluntaria en su experimento de psicología y fitness para ganar su atención y aprobación.

Película Insaciable, Saccharine, estreno

Impaciente por ver resultados, también cede a la curiosidad por un suplemento milagro, de precio prohibitivo, para perder peso. Al estudiarlo, todo indica que las pastillas contienen cenizas humanas, pero al ver resultados, sucumbe a la tentación de fabricar las suyas… robando fragmentos de un cadáver en su clase de anatomía (Anna Adams), al que un compañero bautiza despectivamente “Big Bertha” por su sobrepeso. Sin embargo, conforme Hana consume más pastillas y nota progreso, es acechada por visiones de “Bertha”, despierta después de atracones que no logra recordar y su pérdida de peso comienza a salirse de control.

En términos de guión (también de James), un aspecto positivo de Insaciable es que, si bien su premisa se prestaría perfectamente al morbo y la sordidez, tiene cuidado de representar el padecimiento y decisiones de su protagonista como parte de un sistema complejo. Su motivación para perder peso es la validación, adaptarse a lo que se considera “deseable” bajo los cánones arbitrarios de belleza según un mercado que los perpetúa –y se perpetúa a sí mismo– con generaciones enteras de productos milagro y una obsesión mediática con el fitness. James también tiene el cuidado de mostrar que, además, hay factores sociales y psicológicos implicados en la condición de la protagonista.

El hecho de que el suplemento milagroso contenga cenizas humanas lleva la alegoría hasta su extremo más burdo, pero también más punzante: nos dice que, en un mercado tal regido por dichos cánones estéticos, caemos en la dinámica de consumir y ser consumidos como objetos en redes sociales y, por lo tanto, como materia prima del sistema (lo que la película hace literal con un grotesco pero espectacular trabajo de efectos especiales y prostéticos). En cuanto body horror, el terror de Insaciable no radica sólo en la pérdida de control de Hana sobre su cuerpo y su salud, sino en la abdicación de su persona a los mandatos del sistema, a costa de sí misma.

Película Insaciable, Saccharine, estreno

Sin embargo, a nivel discursivo, la película cae en graves paradojas. Si el terror se construye en dicotomías—lo natural contra lo sobrenatural, lo deseable contra lo abyecto, la seguridad contra la amenaza y la violencia, o la vida contra la muerte—, resulta más importante aún poner atención en las decisiones de la directora para representar los momentos de peligro y horror que atraviesa su protagonista.

Sus atracones, por ejemplo, son presentados por planos detalle de su boca y manos desbordantes de comida, muchas veces en cámara lenta. Si bien la intención puede ser transmitir su posterior sensación de culpa, representar el hecho de una forma que también parece buscar el asco, acaba siendo contradictorio.

Resulta peor cuando el asunto termina relacionándose directamente con las apariciones de “Bertha”, alegoría no sólo de esa culpa, sino también de la depresión y del peligro de muerte en el que Hana ha caído. La paradoja está en criticar un sistema que convierte a los cuerpos en objetos de consumo, y proceder a plantear un cuerpo con sobrepeso como un fantasma monstruoso, deshumanizarlo y convertirlo una amenaza que se presenta como abyecta con fines de entretenimiento. Una desafortunada contradicción que termina por desvirtuar la moraleja de aceptación y positividad en su desenlace.

 

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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