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Cine

Desastre: 500 metros bajo tierra – Crítica de la película

Desastre: 500 metros bajo tierra – Crítica de la película

Aunque la combinación de desastres, tensión y comedia puede resultar extraña, Desastre: 500 metros bajo tierra logra salir avante de una grata manera

Cine PREMIERE: 3
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Aunque el cine de desastres resulta tremendamente entretenido, lo cierto es que no todas las propuestas en cartelera llenan las expectativas. Algunas sólo son un derroche de efectos visuales, mientras que otras se enfocan más en el drama humano. Un puñado más se queda en un limbo bastante extraño. Muy pocas se han atrevido a mezclar el drama de supervivencia con la comedia, pues la combinación, al menos en papel, no suena atractiva en absoluto. Sin embargo, Desastre: 500 metros bajo tierra llega con el propósito de demostrar que ambos géneros pueden coexistir.

Park Dong-Won y su familia se mudan a un departamento nuevo que él adquirió tras años de duro trabajo. Lleno de felicidad decide invitar a sus compañeros de oficina para una fiesta de inauguración. Sin embargo, las fuertes lluvias de la noche anterior crean un socavón gigante. En tan sólo unos minutos, todo el edificio cae cientos de metros por debajo del agujero. La lluvia comienza a caer llenando el socavón de agua, así que Dong-won, su vecino Man-soo y los desafortunados invitados deberán buscar la salida antes de que sea demasiado tarde.

Aunque a primera instancia suena como muchas otras películas, Desastre: 500 metros bajo tierra tiene elementos que la distinguen fácilmente. El primero y más notorio de ellos es la comedia. Puede que la estructura de esta cinta surcoreana sea predecible, pero desde sus primeros minutos tiene toques de humor negro que funcionan para que el espectador entre en la rutina de sus protagonistas. Incluso durante las secuencias de destrucción hay ciertos momentos cómicos que, lejos de acabar con la experiencia, resultan retorcidamente agradables.

En cierto modo, la comedia recuerda a cintas como Parásitos. Claro, esta película se encuentra lejos, muy lejos de la ganadora del Óscar, pero si disfrutaron de ella podrán encontrar ciertos gags del mismo estilo. Porque sí, incluso entre la desgracia de los protagonistas hay oportunidades de reír. Y justo eso se convierte en un arma de doble filo. En ocasiones no se sabe si las tragedias deben ser tomadas en serio o únicamente son un jugueteo para buscar la risa del espectador.

En cuanto al apartado técnico, los efectos visuales son competentes en gran parte del metraje, aunque hay momentos donde el uso de la pantalla verde es más que evidente. Si a eso le sumamos la comedia y lo inverosímil de ciertos eventos, la espectacularidad se pierde por algunos minutos. La recomendación es encontrar un cine con buen sonido y calidad de proyección para “disfrutar” del hundimiento que da título a la cinta.

En la parte actoral no hay mucho que destacar. La cinta se enfoca en Dong-won (Kim Sung-kyun) y su vecino Man-soo (Cha Seung-won), dos padres muy diferentes que, a su modo, buscan sobrevivir para también salvar a sus hijos. Ambos cumplen correctamente y, a pesar de todo lo que ocurre a su alrededor, logran crear arcos medianamente interesantes. Otros personajes pueden resultar antipáticos en un principio, pero el guion les da la oportunidad de redimirse y defender su presencia en la historia.

Al final, Desastre: 500 metros bajo tierra tiene todo lo que uno espera de las películas de su género. Hay destrucción, un sólido CGI, personajes con un propósito, y un guion lleno de conveniencias para justificar que estos sigan con vida. Pero también cuenta con momentos cómicos que, contra todo pronóstico, aportan algo a la historia y la diferencian de otras propuestas similares.

Puede que esto último los haga cuestionarse sobre darle una oportunidad. Sin embargo, es el elemento que convierte a la cinta en un sólido entretenimiento y merece el precio del boleto.

autor Soy de los que siempre defendió a Robert Pattinson como Batman y puede ver la misma película en el cine hasta 7 veces. ¿Mi gusto culposo? El cine de terror de bajo presupuesto.
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