Attack on Titan: The Final Season – Crítica del episodio 20
Todo el odio acumulado en siglos, se concentra ahora en la mano de Eren Jaeger.
ADVERTENCIA: La siguiente review del vigésimo episodio de Attack on Titan: The Final Season contiene spoilers.
Los hermanos Jeager, tras llegar a la Coordenada, revelaron sus verdaderas intenciones. Zeke, no obstante, decidió tomar un desvío antes de cumplir su cometido, confiado en que posee el poder del Fundado. Así, lleva a Eren a un viaje en el que juntos revisarán las memorias de su padre, Grisha, para saldar las cuentas y reflexionar cómo llegaron hasta este punto. El resultado es un episodio tan emotivo como aterrador, en el que el hermano mayor se confronta con sus emociones contradictorias hacia su padre, y Eren se consolida como una fuerza que avanza sin miramientos, teniendo como motor la venganza.
“Recuerdos del futuro” es un capítulo concentrado en la revelación de detalles importantes de la trama, a través del revisionismo. Viendo el pasado de Grisha Jaeger desde el presente, se otorga una nueva lectura de la biografía del personaje que determinó, en cierta forma, el destino de sus hijos antes de que nacieran.
Con esto, también se proveen nuevas dimensiones a los hermanos, dándonos la oportunidad de ver a un Zeke envidioso del amor que tuvo Eren y, luego, quebrado ante la demostración de afecto de su padre. Eren, por su parte, comienza en una posición de hermano menor a quien le revelarán la verdad de forma condescendiente; sin embargo, al terminar, las posiciones cambian, y él es el elemento oscuro, aquel al que hay que temer porque, ahora sabemos, será su deseo el que se cumplirá y será un deseo terrible.
Lo más interesante de este episodio es ese juego de poder que muta y se descubre más complejo. Si comúnmente se supone que los padres o los hermanos mayores les llevan ventaja a los menores o los recién llegados, este tramo de historia contradice la idea. Eren, el pequeño, el amado, se sirvió de la ilusión de poder del mayor, para llegar justo donde quería y acomodar el tablero a su favor; su padre y Zeke, dos figuras a las que, por edad o posición, se adjudicaba poder, han sido jugadores de un juego en el que Eren puso las reglas.

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La gran revelación, es que él estuvo detrás del acto que determinó la continuidad de su vida: aquel día en que Grisha obtuvo el Fundador. Fue Eren, utilizando el poder del Titán de Ataque de moverse en el tiempo, quien incitó a su padre a cometer el asesinato de los Reiss. El fantasma futuro de su hijo le recordó que su hermana fue asesinada por perros en Marley. El dolor y el ansia de venganza fueron más fuertes.
Es irónico que el hijo que recibió más amor sea el que más dolor causará. Aunque, si miramos atrás, fue justo la interrupción violenta de esa vida lo que cultivó la semilla de ese odio irrefrenable. Además, claro, de lo que dice Eren: “siempre he sido así”. Esa lectura de la vida en términos de acción-reacción es un asunto de carácter.
La idea se acentúa al recordarnos la masacre de los secuestradores de Mikasa. Si bien, ella reaccionó también de manera violenta, es cierto que Eren tomó esa decisión conscientemente, queriendo hacer daño. Hay un encuadre en el que Grisha y Zeke se quedan perplejos mientras observan la escena. La brutalidad de la que fue capaz ese niño es aterradora.
La revisión de esos actos a la luz de lo que hoy sabemos y del punto en que se encuentra la historia, llevan a pensar que el muchacho siempre ha sido peligroso. Cobra relevancia la frase de Reiner en el capítulo 76, cuando le dijo que era el último que debería poseer ese poder. Pensar en las consecuencias de otorgar una enorme fuerza destructiva en manos de alguien con tanto rencor y tal preferencia a la agresión es, ahora, pavoroso.

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Por otro lado, el autor de esta historia lo hizo el protagonista. En términos narrativos, es el héroe del relato. Este episodio es desolador en tanto lo lleva al otro extremo y nos lleva a preguntarnos: “¿quizás esto era la forja de un villano?”. Sin embargo, si un núcleo temático hay en Attack on Titan, es el que difumina esos opuestos y nos muestra que el villano de un relato, es el héroe de otro. Hay motivaciones para todo y Eren tiene las suyas… el detalle es que pondrán en jaque al mundo entero.
Zeke es el que ha tenido un intenso desarrollo emocional hacia la quiebra. Pasó de tener el control de la situación (de pensar que lo tenía), a la vulnerabilidad. Revivir los recuerdos de su padre lo hizo darse cuenta que, al oponérsele férreamente, vivió a su sombra, y que, ante la familia Real, Grisha no fue tan cruel como pensaba.
El abrazo que el padre trastornado por haber cometido una atrocidad le da a su primer hijo, concentra el arrepentimiento que no sabía que tenía. Lo lleva a pensar que debió ser mejor padre, a preocuparse en dar cariño más que en inculcar odios. Al hijo, lo conduce a una reconciliación que, no obstante, no será nunca realmente satisfecha. El momento es conmovedor por lo que tardó en llegar; por el acto que le precedió y por lo que significa: un padre y un hijo mirándose las heridas.
La aparente contradicción en el título del episodio, “Recuerdos del futuro”, confunde el pasado y el porvenir, superponiendo su significado. En esta historia, no siempre lo nuevo sucede a lo viejo, sino que el pasado se rinde ante el vigor de lo reciente. La madurez de Grisha sucumbió ante la incitación de Eren.
La violencia del pasado será poca comparada con la nueva transgresión. Todo el odio acumulado en siglos, se concentra ahora en la mano de Eren. Más que optar por una reforma en las reglas del juego, él romperá el tablero. El pasado puede llegar a ser un juego de niños comparado con la destrucción que se avecina.

Attack on Titan está disponible en Crunchyroll y Funimation.