Recién cazado
Dirigida a un público amable con la comedia sencilla y típica mexicana.

Se dice que Jaime Camil es el nuevo Mauricio Garcés, y la función de esta película es comprobarlo. En un tono entre farsa y parodia, la cinta se mantiene, incluso con toques telenoveleros al estilo Las Tontas no van al Cielo. Pero peca, cuando quiere ser Hollywood.
El conflicto se parece demasiado al de Locura de amor en las Vegas (2008) o al de Un impulsivo y loco amor (1997): Una pareja se despierta después de una terrible parranda, y se dan cuenta de que están casados.
Aquí, el problema es que no es creíble que ella le pide que esperen un mes antes de divorciarse, para saber si ella está o no embarazada (¿qué no saben que hay pruebas instantáneas?). A través de la convivencia diaria, lógico, se irán enamorando. Con escenas demasiado obvias para lucir a Gaby Vergara en ropa interior (o sin ella); una secuencia en París que no aporta nada narrativo, aunque sí hermosas tomas; y los primeros 15 minutos que en definitiva sobran; la película va dirigida a un público amable con la comedia sencilla y típica mexicana, en la que Camil se desenvuelve con soltura en un papel de galán caricatura –en el que se puede encasillar pronto–, al que poco le falta decir “Las traigo muertas.”