Nefarious: La palabra del diablo – Crítica de la película
Aunque tiene un fuerte comienzo y una gran premisa, lo verdaderamente aterrador es ver cómo ésta película se descarrila.
Las posesiones demoníacas son un tema común cuando se habla de películas de terror. Entre contorsiones, voces alteradas y maldiciones, las historias de ese tipo se han ganado un lugar privilegiado con el público mexicano. Por eso Nefarious: La palabra del diablo se antojaba como una buena apuesta. No sólo prometía coquetear con el thriller y las historias policíacas, sino también demostrar que se le podía dar una interesante vuelta a las tramas con demonios. ¿El resultado está a la altura de las expectativas?
El doctor James Martin ha llegado a una penitenciaria estatal para interrogar a Edward, un terrible asesino serial que será ejecutado esa misma noche. Martin ha llegado como reemplazo de otro doctor que se suicidó tras hablar con el asesino, y debe decidir si en verdad debe ser asesinado, o si está incapacitado mentalmente para ello. En cuanto empieza a hablar con Edward, éste asegura que no es una persona, sino un demonio, Nefarious, quien está al mando de su cuerpo. Además, le dice que, al terminar el día, habrá cometido tres asesinatos. Martin ignora las palabras, pero su escepticismo se pondrá a prueba mientras interroga a Edward y es testigo de su comportamiento.
A primera instancia, la trama de Nefarious: La palabra del diablo hace pensar en una gran película. O, al menos, una diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. Gran parte de la misma se desarrolla en espacios cerrados, lo que contribuye a generar cierta sensación claustrofóbica mientras Edward (o Nefarious) confiesa sus atrocidades. Los primeros minutos son atractivos. El espectador duda, al igual que Martin, si ese hombre en prisión realmente está poseído por un demonio, o si en realidad es sólo un asesino más inteligente de lo normal.

El guion, escrito por Chuck Konzelman (también director de la cinta) y Cary Solomon (Dios no está muerto 2) tiene algunos diálogos incisivos y momentos que incrementan la tensión. Sin embargo, poco a poco se vuelve repetitivo y extraño. No sólo termina con la intriga generada en el primer acto, también ofrece algunos comentarios polémicos sobre temas complejos, como la eutanasia y el aborto. Lo que parecía ser una interesante cinta con una posesión demoníaca diferente, termina por convertirse en un cuasi panfleto religioso y de buenas costumbres. No es que eso esté mal, simplemente hay mejores formas de hacerlo; formas que no acaben con lo construido en la media hora previa y hagan girar los ojos.
Las actuaciones en Nefarious: La palabra del diablo son correctas. Sean Patrick Flanery (Saw 3D, Dexter, The Boys) hace un sólido trabajo como Edward / Nefarious. Sus miradas y registro vocal realmente generan dudas en la audiencia y contribuyen a dudar de sus intenciones. Lo mismo sucede con Jordan Belfi (Scandal, V/H/S 85) como James Martin, el doctor que busca desentrañar el misterio. Juntos logran una dupla interesante y ciertos intercambios de palabras que, a pesar del complicado guion, levantan el ritmo de la película.
Como se mencionó líneas atrás, Nefarious: La palabra del diablo es una película diferente, aunque ni de lejos llega a ser un clásico. Si han visto el trailer, se imaginarán que los momentos de “terror” no involucran jumpscares o apariciones aterradoras. Claro, hay algunos de los primeros, pero la tensión de la cinta se construye con base en diálogos y revelaciones que pueden resultar escalofriantes. La película apuesta por “seducir” a James Martin hacia el lado oscuro y demostrar que, al final del día, puede haber más horror entre los seres humanos que en el mismísimo infierno. El ateísmo de Martin le añade un punto interesante a la discusión que se propone.

Temas como la diversidad racial, los discursos de odio y la desigualdad también se ven retratados en la cinta a través de diálogos en los que Edward y Martin discuten sobre cuál maldad es peor: la que se presume, existe con los demonios o la que se ve día a día con los seres humanos. De nueva cuenta, algo que podría elevar la cinta y generar importantes conversaciones entre los espectadores.
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Desafortunadamente, todos los chispazos de creatividad, subversión y conflictos morales o religiosos quedan relegados a momentos que se pueden contar con los dedos de las manos. Su impacto es insuficiente para justificar una duración ligeramente superior a los 90 minutos. Y aunque se promete un férreo confrontamiento ideológico, lo cierto es que los mejores momentos se ven en el mismo. Hay demasiados diálogos que caen en la redundancia, momentos incómodos para la audiencia y un final que no resulta sorpresivo para el tipo de película que Nefarious: La palabra del diablo pretendía ser.
Si bien, no es la peor propuesta en cartelera, tampoco hay muchos aspectos que hagan valer el precio del boleto. Aunque cuenta con un inicio prometedor, éste es uno de tantos ejemplos donde una muy atractiva idea se ve dañada por una ejecución pretenciosa. Irónicamente, lo más aterrador de ésta película es ver cómo poco a poco se descarrila y pierde la efectividad inicial.