Katina Medina Mora: desenmarañar sin juicios a las emociones
La cineasta Katina Medina Mora nos comparte sus reflexiones en torno a la representación teatral y cinematográfica de las relaciones humanas.
Katina Medina Mora ha logrado colar un discurso que complejiza las relaciones amorosas en una industria cinematográfica dominada por comedias románticas que rara vez muestran las tonalidades del amor.
Para la directora de Sabrás que hacer conmigo, recientemente estrenada en MUBI y con su lanzamiento comercial en 2015, complejizar las relaciones humanas tiene que ver con un acto de humildad, sin adoctrinamiento. “Creo que tiene que hacerse sin juicio y con mucha honestidad”, nos comparte Katina. “Siento que cada persona vive el amor de una manera distinta. Los seres humanos somos complejos, no somos blanco y negro. Hay en todo ser humano una oscuridad y una luminosidad que depende de los lugares que ha transitado. Tiene que venir un poco de ahí, un poco del estómago y un poco de no ridiculizar o juzgar demasiado a los personajes”.

En su segundo largometraje, Sabrás que hacer conmigo, cuenta la historia de una pareja que, tras coincidir en dos momentos inesperados, logran acoplarse a pesar de la inestabilidad emocional por la que atraviesan Isabel y Tomás.
Esta película es un claro ejemplo de los esfuerzos de la cineasta por empatizar con sus propios personajes sin juzgarlos. Aunque en el primer guion que Katina escribió a sus 28 años no se contemplaba separar la historia por capítulos, finalmente en colaboración con la guionista Emma Bertrán dividieron la película en tres partes: Nicolás, Isabel y finalmente Nicolás e Isabel. “Acabé dirigiéndola a los 34, siento que yo crecí un mundo en esos años. Entonces cuando conseguimos por fin el dinero, decidimos reescribirla para hacer una película más madura”, nos explicó la directora. “Juzgas más al personaje de Isabel cuando la ves en la historia de Nicolás, después entiendes lo que está viviendo (en el capítulo dedicado a ella) y te hace verla con más compasión y acabas queriéndola”.

El camino hacia la dirección de cine
“Para mí, el primer amor fue el teatro. En mi preparatoria había un teatro musical, yo quería actuar pero era muy mala. Hice la audición y no quedé, pero todavía había lugares para escenografía, entonces dije que sí. Disfruté un montón estar detrás del escenario”, nos cuenta Katina sobre el primer indicio que la hizo empezar a fijar al cine como una meta profesional.
Además, como suele suceder en muchos casos, la semilla por el amor al cine surgió paralelamente cuando descubrió su fascinación por el teatro gracias a la cinefilia familiar. “A la par, yo amaba el cine, mi papá era también súper cinéfilo, desde la universidad juntaba todos mis abonos para ir a la muestra y ver todas las películas. Sentí que era más fácil ir por el camino del cine y en algún momento volver al teatro por toda la parte técnica que también me encantaba”, nos cuenta la cineasta, quien al terminar la preparatoria tuvo la oportunidad de formar parte de la primera generación del Centro de Capacitación Cinematográfica.
A diferencia de muchos egresados de escuelas de cine, para Katina no fue complejo comenzar a encontrar los primeros trabajos dentro de la industria. En su caso lo logró como asistente de dirección en diversas películas como Oveja Negra de Humberto Hinojosa o series como Soy tu fan. Sin embargo, el paso más difícil se debió al encasillamiento.
“Lo que fue muy difícil fue el paso a ser directora porque siento que la industria te encasilla muy fácil, que los productores te vieran como una gran asistente después vuelve muy difícil que puedan verte como directora”.
El teatro como estímulo para crear imágenes en la pantalla
Tal como lo planeó en un principio, después de comenzar su trayectoria en el cine, nunca ha soltado la dirección en teatro. Siempre vuelve a él porque “la enloquece”, siente mayor libertad creativa e incluso le permite complementar su labor como directora de cine.
“Lo que más disfruto es la dirección de actores. Por eso a mí el teatro me vuelve loca, porque contar una historia a través de una cámara y saber cómo moverla, te quita mucha parte de cabeza y creatividad. En el teatro estás completamente enfocado a las emociones de los actores, a qué tienen que sentir. Hay un trabajo de mesa de mucho tiempo en donde diseccionas el texto, diseccionas cada cosa y siento que hay un proceso que tendría que haber más en cine”, dice Katina Medina.
A raíz de su formación como directora de teatro y su interés por mostrar la complejidad de las relaciones humanas, Katina las ha representado sin juzgarlas y no siempre con la complacencia de los finales felices.
“Tanto el cine como el teatro pueden ser reflejo y si ese reflejo llega desde un buen lugar, pueden transformar vidas y realidades y eso me parece fascinante. Para eso, siento que debe haber un abanico de representaciones en las pantallas donde podamos conectarnos no solo con las historias sino con los personajes”.