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Cine

Juegos inocentes – Crítica de la película

Juegos inocentes – Crítica de la película

En esta película del nominado al Óscar Eskil Vogt, se saborea una mezcla de Stephen King y M. Night Shyamalan donde los niños son las víctimas, pero también los victimarios.

Cine PREMIERE: 3.5
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Llega el verano, la escuela termina, y como cualquier niña de 9 años, Ida quiere viajar con sus papás y pasar unas vacaciones divertidas. Sin embargo, su tiempo de recreación veraniega será muy diferente a lo que ella ambicionaba. La pequeña y su familia acaban de cambiar de casa, por lo que las prioridades están puestas en arreglar todo lo relacionado a la mudanza. Pero además, los estrictos cuidados de su hermana Anna, quien padece un trastorno del espectro autista, vuelven aún más difícil que papá y mamá puedan concederle su deseo de ir al aeropuerto, tomar un vuelo y apartarse de la rutina. Entonces, llena de resentimiento hacia Anna, la protagonista opta por desquitarse con ella de formas verdaderamente crueles. Mas en el transcurso de la película Juegos inocentes, Ida descubrirá qué tan lejos puede llegar la perversidad de gente de su edad.

Juegos inocentes, película de 2021

Un mundo de magia y oscuridad

Independientemente del drama familiar, que queda muy en segundo plano, Juegos inocentes posee la particularidad de ser un thriller de elementos sobrenaturales. En la unidad habitacional donde ahora vive Ida —ubicada en una region boscosa al este de la ciudad de Oslo, Noruega— ella conoce a Ben, un misterioso niño que resulta ser su vecino y a partir de quien atestiguará algo insólito… Él tiene poderes psíquicos, como también otros infantes de la zona, según la protagonista irá descubriendo conforme la película avanza.

A ojos del público, será inevitable asociar esta historia a la obra de Stephen King; célebre novelista del terror de quien el director noruego Eskil Vogt reconoce haber leído mucho durante su adolescencia. Del autor de libros como It y Ojos de fuego, la cinta toma ese anhelo de retratar a los niños como las piezas principales en un mundo macabro de magia y oscuridad; oscuridad que forzosamente tienen que combatir, a riesgo de que los absorba o los destruya.

Respecto a Ida y Ben, acompañados por Anna y otra niña solitaria de nombre Aisha, el hallazgo de lo sobrenatural los emparenta espiritualmente con Danny Torrance (El resplandor) y Abra Stone (Doctor Sueño). Pero en lugar de que la maldad venga del exterior, Juegos inocentes plantea que la vileza puede ya existir en el interior de aquellos que en teoría deberían ser los héroes. De ahí que la telequinesis, la telepatía o el control mental devengan más bien recursos al servicio de un insaciable impulso de hacer daño.

Un doloroso crecimiento

Hace dos años, Juegos inocentes compitió en la categoría Una cierta mirada de la 74° edición del Festival de Cannes. A la par, la aclamada comedia dramática La peor persona del mundo contendía por la Palma de Oro, siendo éste un filme coescrito por el propio Eskil Vogt. Así que, a pesar de la disparidad de géneros y edad de sus respectivos personajes, no sorprende que estas dos películas ostenten una narrativa sobre aprendizaje y crecimiento personal; ambas, además, traspasando los límites del coming of age tradicional. En 2017, el guionista hizo lo mismo tras prestar su pluma para La maldición de Thelma; thriller donde ya abordaba la idea de aterradores poderes psíquicos —en este caso, de una chica universitaria— que se detonan durante un proceso de maduración y crisis existencial.

Juegos inocentes, película de 2021

Con un enfoque puesto en las infancias, Vogt ha expresado (vía Vogue) que mediante Juegos inocentes pretendía confeccionar un suerte de fábula; una que ahondara en cuestiones de moralidad y donde los adultos quedaran relegados. A fin de cuentas, es común que los niños descubran el mundo por medio del juego y la fantasía, al margen de sus padres. Por otro lado, la película quizás se sobreexceda en el nivel de indiferencia que exhiben los mayores de edad ante la serie de atrocidades que empiezan a suceder al interior de la unidad. En especial, porque mínimo las madres de los protagonistas no se apartan realmente de los reflectores (como sí sucede, por ejemplo, en el universo de Déjame entrar). Incluso su presencia sugiere una riqueza anímica y psicológica que tristemente el guion decide no explorar.

Un juego de niños

Evidentemente, Juegos inocentes no es esa clase de película donde niños provistos de habilidades sobrehumanas son convocados por Nick Fury para salvar el mundo. La lente apunta, más bien, al ingenuo divertimento que viene con esos poderes y que poco a poco se torna espeluznante en manos de infantes confundidos, solitarios y emocionalmente perturbados, con una noción del bien y el mal todavía en formación.

El camino al declive es lento. Varias escenas hacen hincapié en cómo Ida, Ben y compañía exploran sus capacidades psíquicas, lo que conduce a secuencias muy reiterativas y episódicas; mismas que (si acaso) aportan sólo migajas a la trama y al arco narrativo de los niños. No obstante, resulta comprensible que exista semejante parsimonia en una cinta que es de por sí sumamente contenida. Esto podría recordar al cine de M. Night Shyamalan, donde la narración de eventos extraordinarios (como el origen de un superhéroe o el comienzo de una invasión alienígena) se concentra en pocos personajes y escenarios.

Juegos inocentes, película de 2021

Con efectos especiales nada ostentosos pero convincentes sobremanera, Juegos inocentes muestra efectivamente eso: un juego de niños llevado hasta sus últimas consecuencias por el factor sobrenatural; plagado de tensión y momentos shockeantes que de no asustar al público, al menos le causaran un profundo dolor. Hasta en los más pequeños, el poder corrompe.

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.
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