Nos vas a brindar honor: desde la filmación del live action de Mulán
Tal como lo hizo hace veinte años, Mulán ha llegado para rehusarse a ser lo que todos esperan de ella: una historia genérica de Disney.
Las montañas nevadas de Nueva Zelanda se han disfrazado de China medieval. Cuando bajamos de la camioneta en la que nos transportan al set de filmación de Mulán, la nueva entrega live action del estudio del ratón, pensé en lo que implicó la animación en los 90 y en cómo millones de niñas de esta nueva generación quizá también tendrán una heroína de Disney fuerte a quien admirar. En mi cabeza dan vuelta los temas principales de La balada de Mulán, historia que –aunque nació en China hace siglos– parece no tener caducidad. El denominador común de las adaptaciones que se han hecho de ella es el honor, pero hoy refleja otros temas como el empoderamiento femenino y, en este caso, la importancia de la diversidad en las representaciones fílmicas. Una pregunta, sin embargo, queda en el aire: ¿cómo logrará el estudio adaptar una historia milenaria –y su clásico animado– en la épica que siempre debió haber sido?
El personaje de Mulán es una mujer que se traviste para salvar a su padre de una muerte segura y que, además, supera a todos los demás soldados. Sin embargo, su relevancia radica en todo lo que no es. No es una protagonista blanca. No es un personaje masculino. No es una chica objetivizada. No es una joven cuyo mayor anhelo es casarse. No es una princesa.
Visitar el set de filmación de este live action también es entrar en el terreno de lo que no es: en pleno septiembre de 2018, los picos nevados de Nueva Zelanda se han travestido, tal como Mulán, de China. Las montañas cubiertas de nieve se desploman al fondo: el ejército del temible Boris Khan (Jason Scott Lee) avanza hacia la batalla final y los soldados –entrenados por jinetes expertos de Mongolia y Kazajstán– cabalgan con tanta seguridad que parecen minotauros. Tras repetir la escena, Lee se acerca a platicar con nosotros y el cambio es impresionante: en realidad, es un hombre sumamente amable y sonriente, a pesar de encarnar a peor de los villanos. “Su padre fue asesinado por el emperador, así es que está en modalidad de venganza”, relata, “y en el trasfondo de la historia, los chinos se apoderaron de sus tierras ancestrales. La intención de Boris Khan es recuperar esa tierra y aplastar a las personas que mataron a su padre. En mi mente, no es un hombre malo”.

El proceso de construcción del personaje, cuenta el actor, incluyó lecciones de un maestro kapa haka māori, danza grupal típica de los māori, pueblo indígena de Nueva Zelanda. Es decir, tampoco es una película donde sólo veremos artes marciales chinas.
El campamento del ejército chino está habitado por tiendas que recuerdan a aquellas de la película animada. Casi es posible escuchar la canción “Todo un hombre haré de ti”, aunque esta versión no será un musical. Las casas de campaña rodean la entrada principal, marcada por un arco enorme, al más puro estilo de los imperios de antaño. El viento frío que baja de las montañas se cuela entre las lonas, mientras entramos a una tienda amueblada con camas de madera. Ahí se encuentran Skatch (Utkarsh Ambudkar) y Ramtish (Chum Ehelepola), amigos que acompañarán a Mulán en su camino, y quienes nos comparten la experiencia de trabajar con la directora neozelandesa Nikki Caro: “Te hace sentir como si estuvieras en su sala cuando entras al set: es la colaboradora más amable y cálida con la que he trabajado”, asegura Ambudkar. Ehelepola, por su parte, agrega que la directora es al mismo tiempo “fuerte, determinada y sabe lo que quiere. Es una mezcla muy interesante”. Una que recuerda a la misma Mulán.
De acuerdo con los actores –graciosos y con una excelente química–, la película destaca por su elenco y la inclusión de personas de origen surasiático en el imaginario de los blockbusters, así como por los cambios que presenta en comparación con el clásico animado. “Es una épica de una escala y alcance que sorprenderá”, nos dice Ambudkar. “Los otros live actions de Disney son muy apegados a la animación original: La bella y la bestia es, básicamente, cuadro por cuadro. Pienso que la versión animada de La bella y la bestia siempre le ganará al live action. En cuanto a Mulán, si estás haciendo algo para los tiempos de hoy, con los recursos actuales, simplemente haz algo diferente […] me gusta que esta película está basada en la realidad y creo que las personas estarán hablando de ella en época de premiaciones».

Una China diferente
La animación de los años 90 fue un parteaguas: mostró a una heroína de Disney que se negó a ser princesa o a casarse, despertó comentarios sobre la supuesta bisexualidad del general Li Shang y se atrevió a tener a una mujer salvando a China en el mismo año en el que el mundo entero juzgaba a Monica Lewinski, una joven pasante de la Casa Blanca, por tener sexo con el hombre más poderoso del mundo. Implicó, sobre todo, un giro en la representación de las mujeres en las películas animadas de Disney, que hasta ese entonces necesitaban ser rescatadas. Mulán le mostró a niñas y adolescentes que podían cortarse el cabello con una espada –metafóricamente hablando– y hacer lo que les diera la gana. “Mulán es un espíritu que está en cada uno de nosotros”, nos dice la actriz Yifei Liu, quien fue elegida entre más de mil jóvenes para interpretar a la heroína que marcó la niñez de los 90.
Sin embargo, este live action se distancia en diferentes aspectos de la versión animada. No sólo intentará apegarse a las fórmulas de Disney, sino que pretende ser una épica más cercana a cintas como El tigre y el dragón o Los siete samuráis. “Estamos haciendo una gran épica de acción y aventura con locaciones reales”, nos dice el productor Jason Reed. “Tenemos escenas que son muy divertidas y chistosas, pero parte de la reinvención es que estamos usando trescientos caballos, una gran carga de caballería […] Estamos creando un modelo épico, y las películas que nos inspiran son Lawrence de Arabia o las de Kurosawa. Tratamos de llevar estas visiones y escalas al universo de Disney”.
Parte de la adaptación implica desaparecer a personajes como Mushu, un consentido del público. Y aunque la directora revelaría posteriormente que sí habrá una suerte de criatura espiritual, nunca fue una opción. “Tal vez no fue la forma más apropiada de representar un dragón para la cultura china: por eso no lo tenemos, aunque sí hay elementos fantásticos conectados a la mitología tradicional china. Por ahora, Mushu sólo vivirá en la animación”, nos dice Reed.
Y ése no fue el único cambio necesario para honrar adecuadamente a la cultura china. La decisión de elegir a Jet Li como el Emperador tiene que ver con la nueva forma de presentarlo: “El personaje no fue tratado con el respeto debido en la película animada porque Mulán lo abraza al final y eso implicó muchos problemas”, nos dice Reed. “Ahora tenemos expertos en cada elemento de la cultura china. Investigamos profundamente y algo que quedó muy claro es que el tratamiento del Emperador no fue apropiado. Por eso incluimos a alguien que inspirara ese respeto, como Jet Li”.

El personaje Li Shang, por su parte, se dividió en tres: Honghui (Yoson An), cuyo nombre significa “gran esplendor”, el Sargento Qiang (Ron Yuan) y el Comandante Tung (Donnie Yen). “El padre de Honghui fue un sargento en la guerra previa y por eso llega como un nuevo conscripto con tanta experiencia en artes marciales”, nos dice Yoson An, quien creó el trasfondo de su personaje. “Es uno de los mejores del grupo. Su padre murió en esa guerra y él le promete a su madre que regresará vivo. Por eso se esfuerza tanto con cada entrenamiento y desea ser capitán”. Cuando le preguntamos al actor si es el nuevo interés amoroso de la protagonista, sólo sonríe y continúa hablando de su personaje.
Al final del recorrido, nos alejamos de las cumbres tapizadas de blanco con una certeza: la guerrera china ha pasado el filtro del tiempo por negarse a aceptar el papel que la sociedad le impone. Mulán nunca es lo que esperamos que sea. Ése es el principal reto de Disney.
Una versión de este artículo apareció por primera vez en Cine PREMIERE #306, de marzo 2020. Adquiere tu edición impresa aquí o consúltala en versión digital en este enlace.