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Cine

Alien: Romulus – Crítica de la película

Alien: Romulus – Crítica de la película
(L-R): Cailee Spaeny as Rain Carradine and David Jonsson as Andy in 20th Century Studios' ALIEN: ROMULUS. Photo by Murray Close. © 2024 20th Century Studios. All Rights Reserved.

El director Fede Álvarez entrega una película de terror efectiva, aunque, fiel al espíritu corporativo Disney, no arriesga ni lleva la saga a territorios nuevos.

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Hay bastante que decir sobre las precuelas de Alien dirigidas por Ridley Scott durante la década 2010 (y vaya que las dos, Prometeo (2012) y Covenant (2017), fueron irregulares). Incluso si fueron criticadas por desviarse del espíritu de las entregas clásicas, también es innegable que Ridley Scott, director de ambas, intentó llevar la saga que creó hacia rumbos ambiciosos. Para bien y para mal, la película Alien: Romulus –ahora con Scott como productor para ceder la silla de director al uruguayo Fede Álvarez– se siente como un “regreso a lo básico”.

Un regreso que, en términos del sello corporativo de Mickey Mouse detrás de cámaras, se entiende como un correctivo, rozando con un “borrón y cuenta nueva” que responde a la billonaria adquisición de la otrora 20th Century Fox por la “Casa del Ratón”, aquejada hace años por una conservadora secuelitis crónica aguda.

Así que fuera quedó el nuevo mito creacionista de Scott (como rotos quedaron los sueños de Neill Blomkamp) para llevar la saga de Alien “de vuelta a sus orígenes”, con algunos giros aquí y allá. Alien: Romulus no sigue a unos transportistas espaciales como los encabezados por Ellen Ripley (Sigourney Weaver), pero casi. En su lugar, nuestros protagonistas son trabajadores de una colonia espacial minera al servicio de la Corporación Weyland-Yutani, aunque más que eso parecen reos: su libertad para dejar el planeta está condicionada a cumplir ciertas horas de trabajo, que pueden ser incrementadas arbitrariamente.

Eso mismo le sucede a Rain Carradine (Cailee Spaeny), una joven huérfana al cuidado de su “hermano”, el humano sintético Andy (David Jonsson). Condenada a permanecer en la colonia por el resto de su juventud, la alternativa ofrecida por sus amigos le parece mejor: escapar a una estación espacial abandonada que han descubierto en órbita –a la que sólo pueden entrar usando a Andy– y robar los insumos criogénicos suficientes para escapar a un planeta libre, un viaje de casi una década.

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Alien: Romulus, película dirigida por Fede Álvarez.

Sin haber visto materiales promocionales, los fans de la original de 1979 ya podrán intuir las formas en que Alien: Romulus intentará emularla: los personajes acaban confinados en un lugar aislado en el espacio, y con pocas posibilidades de escape, junto a las criaturas más mortíferas del universo.

Si algo quedó demostrado con No respires (2016) y con su remake de Evil Dead, Posesión infernal (2013), es que Fede Álvarez es un maestro de la tensión en espacios cerrados, oscuros, y de atmósferas asfixiantes. La estación espacial le brinda al director la posibilidad de crear situaciones ingeniosas, pero igual de angustiantes: el uruguayo hace un uso preciso del encuadre, las sombras, el montaje y el ritmo para conseguir lo que, por sí misma, es una película de terror efectiva y emocionante.

Dicho lo anterior, la paradoja es que, salvo algunas decisiones creativas genuinamente espeluznantes hacia su desenlace, Alien: Romulus no trae grandes novedades a la franquicia, ni presenta una alternativa para su futuro fuera del reciclaje. Para sus seguidores más observadores, incluso, su proclividad a recrear sus momentos más icónicos es una suerte de remix de referencias.

Algunas son menos burdas que otras. Tenemos desde una emulación de la clásica escena de Ripley con el Xenomorfo de Alien3 (1992) –indiscutiblemente una de las imágenes más emblemáticas de la saga–, hasta el rescate de ideas como la hibridación de especies como ruta evolutiva de la raza humana –abordadas tanto en la precuela como en la polarizante Alien: Resurrección (1997). Romulus también transita del terror claustrofóbico de la original a la acción frenética de Aliens (1986) entre el segundo y el tercer acto.

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Alien: Romulus, dirigida por Fede Álvarez.

Es, en esencia, un producto creativamente conservador, en la línea de un álbum de Greatest Hits, que acaba por diluir sus esbozos políticos. Romulus casi se siente como un rechazo centennial al cinismo corporativo que ha precarizado el futuro económico de las últimas dos generaciones, sin escrúpulos ante la promesa del lucro (y, al parecer, no se pone mejor, chicos). Su desenlace incluso podría leerse como un desafío a la explotación del cuerpo femenino en el nombre de la preservación –y evolución– social.

Pero estas lecturas son apenas resultado de un trasfondo imitado, prestado del espíritu transgresor de la original, tan atribuible a la dirección de Scott, como al guion de Dan O’Bannon y a la plástica biomecánica de H.R. Giger. Alien: Romulus, al menos, satisface al espectador que busque sobresaltarse y sentir asco en la sala de cine. Pero, en el fondo, es poco más que otra tibia secuela de Disney.

Ya puedes ver la película Alien: Romulus en salas de cine.

autor Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog de Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor en jefe de Filmelier en México y Brasil, y editor web para EMPIRE en español.
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