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Cine

En nombre del amor

En nombre del amor

Como el resto de las obras de Nicholas Sparks, es poco más que un vehículo para derrochar cursilería y melodrama.

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Podría empezar este texto diciendo que En nombre del amor, cuyo título original es un poco mas afortunado –aunque no menos obvio, The Choice–, es la nueva película basada en una de las novelas del célebre (al menos en cuestión de ventas, sus betsellers hablan por sí mismos) escritor estadounidense Nicholas Sparks. Sin embargo, eso significaría predisponer de inmediato a todos aquellos que saben de los impresionantes alcances de cursilería extrema, propios de dicho escritor… caray, ya lo hice. Pues sí, esta es otra novela de quien en los últimos años se ha encargado de convertir las historias románticas en un producto de literatura prácticamente en serie. Ahora su pluma vuelve a ser el punto de partida para una película intrascendente y repetitiva –si ya vieron Cuando te encuentreQuerido John, El viaje más largo, o Un paseo para recordar, encontrarán los mismos códigos y convencionalismos–. El escritor vuelve a presentar personajes estereotípicos en relaciones ridículamente idílicas y situaciones sumamente predecibles que, tarde o temprano, rondarán el melodrama, enmarcadas por conversaciones dizque simpáticas entre los secundarios.

Así pues, poco se puede decir de la anecdótica historia de Gabby Holland y Travis Parker, quienes luego de ser vecinos e iniciar “cayéndose un poco mal” y pasar por ciertas vicisitudes –como el hecho de que ella esté comprometida con otro sujeto interpretado por el acartonado Tom Welling–, terminan enamorados y finalmente enfrentando una tragedia que les hará preguntarse hasta dónde son capaces de llegar por mantener vivo el amor, literalmente. Caray, un guion digno de cualquier telenovela mexicana, solo que aquí, bajo las órdenes de Ross Katz –actor metido a director, desde que el año pasado estrenó Adult Beginners–, adquiere mayores valores de producción. Aunque, por supuesto, estos están al servicio de una sola cosa: lucir a los actores Benjamin Walker y Teresa Palmer, quienes por cierto hacen la chamba sin meterse en mayores complicaciones. Esto, junto con los bellos parajes que sirven de escenario, resultan en una especie de comercial de alto calibre y larga duración, pensado para el 14 de febrero. 

Momentos videocliperos con música ligera de fondo, algunas charlas alrededor de las mascotas (tanto él como ella tienen sus respectivos perros), una que otra frívola reflexión sobre la fe y hasta la inclusión de un viudo maduro que vuelve a encontrar el amor, son parte de los ingredientes de esta despiadada descarga de melcocha que podría provocarle un ataque diabético a cualquiera. Así pues, si son capaces de soportar todo lo anterior –que dentro del género romántico, el mismo Sparks denomina como ficción dramática– y tienen un lado adicto a la cursilería, quizá puedan sacarle lo mejor a esta película que, aunque al menos en cuestión técnica es respetable, se alarga innecesariamente. Pero si no es así, mejor consuman algo más sano para el corazón. 

autor Critico de cine y cómics. Critico en Cine con Kristoff de Telehit. Fue editor de Stageone México. Colaboró con Playboy, Chilango y la edición mexicana de Archie. Hoy escribe para La Razón y Mórbido Magazine. Conduce el programa de radio y Tv, Rocket.
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