The Walking Dead: Prey
La redención de Andrea y cómo un humano puede ser más temible que un puñado de caminantes. The Walking Dead sigue brindando pinceladas de genialidad.
Advertencia: Esta crítica contiene spoilers
Tres episodios transitorios e individuales transmitidos consecutivamente. Es rarísimo que una serie de TV –con excepción de LOST, quizás– se arriesgue a distanciarse tanto tiempo de la trama central sin parecer una prolongada batalla de Dragon Ball Z o un partido decisivo de Los Supercampeones. Es evidente que los escritores de The Walking Dead están haciendo un trabajo coherente y bien pensado al prolongar la batalla decisiva de la tercera temporada de la serie sin aburrirnos y, todo lo contrario, creando una expectativa con un conocimiento de personajes y circunstancias mucho más profundo.
En “Pray”, los odiadores de Andrea (pero no de Laurie Holden, ¡qué buena actriz está resultando ser!) nos quedamos callados. Y no porque el personaje esté mal escrito, sino porque su tardío cambio de razonamiento con respecto a quién debe ser leal es una situación muy humana (¿cuántos de nosotros no hemos estado en una relación enfermiza, pese a que amigos y circunstancias nos dicen constantemente que estamos en un error?).
No fue “la buena gente de Woodbury” (¿dónde quedó, por cierto?), ni la búsqueda de la pareja perfecta lo que finalmente hizo despertar a Andrea. La tenebrosa revelación de un cuarto de torturas (llamado “mi taller” por el Gober demente) y los planes de Philip para darle a Michonne una muerte lenta y dolorosa es lo que trajo de vuelta a esta chica, con un extraño pero comprensible –desde el punto de vista de ella– alto de Milton (Dallas Roberts) para ponerle fin a este villano con un tiro en la cabeza. “¿Cómo puedes defenderlo?”, pregunta Andrea al hombre… bueno, eso es algo que todos los televidentes te preguntábamos hacía varias semanas, chica mala.
La revelación de Woodbury como un grupo cruel y ciegamente devoto al mentado Gobernador fue algo duro para Tyreese (Chad L. Coleman) y Sasha, quienes en su pelea interna de grupo detonan una escena muy perturbadora. ¿Quién incineró a esos zombies por la noche, entregándonos aquella perturbadora imagen de cuerpos mezclados en una gran masa humeante y quejumbrosa? ¡Vaya pesadilla!
Lo que quedó fuera de lugar en “Prey” fue el flashback de los “caminantes camouflage” de Michonne y su conversación con Andrea. Quizás la referencia sirva más adelante, pero en este episodio no nos llevó a ningún lado. Otro error muy evidente –pero que resultó aceptable si recordamos los fallos deliberados en películas de zombies clase B de la vieja escuela– el pésimo efecto del zombie aplastado en el suelo con la pala. ¡Una sandía decorada con ojos saltones habría sido más realista!
Por otro lado, la cacería Philip-Andrea se llevó el episodio con un ritmo, suspenso y resolución dignas de un aplauso de pie. “Prey” nos hizo recordar que, ante todo, Andrea es una exterminadora experta, y un duro rival, aún si se convierte en presa. ¿Realmente queremos que su fin sea a manos de este monstruo humano?
Así, a sólo dos episodios para concluir la temporada, el equipo creativo y de actores en The Walking Dead nos demuestra que la serie tiene todavía mucho que aportar a la pantalla chica. ¿Comenzará finalmente el conflicto con “This Sorrowful Life” y concluirá en “Welcome to the Tombs”? ¿Tendremos una escena tipo Hostal con la pobre Andrea? No creo que les haya caído tan mal como para merecer tan horrible destino… ¿o acaso somos peores monstruos que los zombies? Eso déjenselo a Phil…
